• Psiquiatria Integrada

Sanar no significa que el daño no existió, si no que el daño ya no controla tu vida.


El cuerpo y la mente no son la misma entidad. Los budistas comparan el cuerpo a un hostal y la mente como un huésped. Por lo tanto entendemos que el cuerpo y la mente son entidades diferentes.


Nuestro cuerpo puede estar quieto y la mente no parar de dar vueltas y vueltas a nuestros pensamientos, por lo tanto debemos entenderlo como partes distintas.

La mente tiene tendencia a divagar, saltando de un pensamiento a otro y distanciándonos del presente. Todos estos pensamientos crean un ruido mental que nos aleja de la felicidad.

Dicho con otras palabras: la mente nos controla. A veces se regocija en experiencias del pasado o presupone e inventa historias increíbles que envenenan tu alma. Es el momento de dejar de pensar en lo que puede pasar, no dejar que la mente nos atormente y empezar a disfrutar lo que realmente está pasando.


Sanar heridas emocionales no implica olvidar, significa por encima de todo conseguir que ellas dejen de controlar nuestras vidas. Algo así requiere un meticuloso proceso de transformación donde entender que no, que ya no volveremos a ser los mismos, porque la curación no es un retorno sino una hábil reconstrucción donde dar forma a alguien nuevo, alguien más fuerte y más valioso.


Todos tenemos heridas que necesitan atención. Vivimos en un mundo donde existen muchas formas de violencia, algunas más explícitas y otras encubiertas y silenciosas.


«Para cuando la razón entiende lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas».

-Carlos Ruiz Zafón-

En los últimos siglos la psicología occidental ha intentado sanar heridas desde su amplio abanico de enfoques y técnicas con más o menos acierto. Esta es una ciencia orientada desde sus esencias a tratar de aliviar ese dolor, a proporcionar adecuadas técnicas con las que mejorar nuestros patrones de pensamiento, un comportamiento para conseguir así un cambio, una mejora vital.

No obstante, nada de esto será posible si la persona, si el propio paciente, no pone voluntad. Es más, lo que ocurre muy a menudo es que lejos de atender ese problema, ese hecho puntual o ese pasado traumático, las personas optamos por apretar los dientes, cerrar el corazón y avanzar sin mirar por el retrovisor.

Esta es una mala estrategia, es más, otro error en el que solemos caer es pensar que el tiempo todo lo cura, que no hay más que dejar pasar los días, los meses y los años para que todo se resuelva. Sin embargo el tiempo no cura nada, lo que sana es aquello que hacemos con ese tiempo.


Así que ante cualquier daño, trauma o síntoma de que algo no esta bien, pide ayuda e intenta sanar tu dolor, lo que una vez dolió, ya no controla tu vida.

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